jueves, 27 de febrero de 2014

BRIDGE MAN. EL ORIGEN.- 3 de febrero

Hoy toca Renfe. Por todos es sabido que en el transporte público siempre están los listos, los jetas, los carotas que se aprovechan de cualquier despiste o de cualquier resquicio para evitar pagar o, al menos, pagar menos del billete normal para llegar a su destino.

Una de estas actividades, al menos en el Cercanías, es el método "puente" y no es más que usar al de delante, para pegarse a él y salir sin tener que picar el billete en el torno de salida. Esta práctica me repatea los higadillos. Lo mismo soy tonto o no tengo razón, pero me indigna verlo y más si soy el usado como puente. Ya me ocurrió una vez que a un señor le di un codazo (no me di cuenta de que estaba detrás) porque el buen señor me utilizó para pasar por la cara. No dijo nada, faltaría más. En otra ocasión salí tarifando con una señora que repetía que su billete era legal... hasta que le dije si quería comprobarlo en la ventanilla de la estación, momento en el que salió por patas.

La última, la semana pasada. Siempre que voy a salir por el torno, una de dos o me quedo de los últimos o paso mirando hacia atrás para ver si el que me sigue va a picar con su propio billete, porque siempre hay alguno con complejo de ninja, que se esconde a mi sombra, para poder pasar por la filosa. Pues bien, en esta ocasión tuve la suerte de salir de los primeros del vagón y llegar de los primeros al torno. Al picar con mi abono y mirar hacia atrás vi cómo un barbas (no se si era musulman, hipster o barbudo a secas) hacía amago de hacer el puentecito de marras. En este punto, tras franquear las puertas, me di la vuelta y me le quedé mirando con cara de "si tienes cojones pasa". El barbasbás se me queda mirando con cara de "qué hago??".

La estampa es cojonuda: yo mirando al pollo, el pollo que no sabe qué hacer, las puertas que no se cierran, yo dando un pasito para atrás, las puertas que se siguen sin cerrar, las miradas que siguen, otro pasito para atrás María (Ricky Martin in the house) y las puertas que se cierran. Le hago un gesto con la cabeza a modo de "ahí te quedas gilipollas" y me voy para casa.

La Renfe es una jungla y yo debo ser el rinoceronte que usan los pajaritos para pasar desapercibidos a los ojos de los seguratas (que por cierto, se pringan menos que una mantequilla de acero).

No hay comentarios:

Publicar un comentario